viernes, 19 de febrero de 2010

NO ENTENDEMOS NADA

A lo largo de su vida, el hombre se encuentra con muchos sucesos que parecen completamente injustos. Pero eso es porque ve sólo una parte del todo. ¿A qué se parece esto?...
 
En el libro “Éxodo” del Pentateuco, están escritas las leyes de aquel que mata a un hombre involuntariamente: su sentencia es el exilio en una ciudad refugio. Y así está escrito (21:13): “Pero él no le preparó una emboscada – sino que Di-s causó que llegara a su mano...”.
 
Las palabras “no le preparó una emboscada” significan que el hombre que mató lo hizo sin premeditación; él no lo acechó y no se propuso matarlo de ninguna manera. En otras palabras, fue un “accidente”...
 
Pero en lo que está escrito “y Di-s causó que llegara a su mano”, ya nos revela que no había ningún error. El Creador es el que dispuso este “accidente”. Citaremos un antiguo comentario de los Sabios sobre esta cuestión: “¿Sobre qué habla el escrito? De  dos  personas,  una  que  mató  involuntariamente  y  otra  que mató  premeditadamente,  y  no  hubo  testigos  que  atestiguasen. El que mató premeditadamente no fue castigado a muerte como debería ser castigado un asesino, y el que mató involuntariamente no fue castigado al exilio, a una ciudad refugio como se debería. Pero  Di-s  les  hace  justicia,  ¿cómo?  –  dispone  que  se  reúnan en  la  misma  posada,  el  que  mató  premeditadamente  se  sienta bajo  una  escalera  y  el  que  mató  involuntariamente  sube  por ella,  de  pronto,  este  cae  sobre  el  que  mató  premeditadamente –  y  lo  mata.  Hay  testigos  que  declaran  que  el  hombre  mató involuntariamente,  y  es  obligado  entonces  al  destierro.  El resultado es que el que mató involuntariamente es desterrado,  y el que mató premeditadamente – murió…”.
 
De  esto  aprendemos  cómo  la  Supervisión  Divina  está detrás  de  todos  los  accidentes  que  ocurren.  Ciertamente,  a  los ojos  de  cualquier  persona  parecería  que  el  hombre  que  estaba sentado bajo la escalera, es una persona desgraciada que murió sin ninguna razón, y que quien cayó sobre él y lo mató, no lo hizo intencionalmente. No obstante, en verdad, todo fue justo y calculado en todo detalle.
 
Los  Sabios  cuentan  que  cuando  Moisés  quiso  saber  los caminos de la Supervisión del Creador sobre Sus criaturas, Le pidió (Éxodo 33:13): “Hazme conocer Tus caminos”. La respuesta del Creador fue (Deuteronomio 10:1): “Sube hacia Mí, a la montaña”.
 
En el camino, subiendo a la montaña, vio Moisés un caso muy extraño. Un hombre se acercó a beber agua del manantial, y al inclinarse para hacerlo, sin darse cuenta, se le cayó una cartera repleta de dinero y se fue. Al irse, llegó un segundo hombre también a beber agua del manantial, encontró la cartera del primero y la recogió. Cuando este se fue, llego un tercero para beber del manantial. Mientras bebía, volvió el primero a buscar su cartera, y esta por supuesto no estaba. Le dijo el primer hombre al tercero: “¡Tú encontraste mi cartera!”, le contestó el otro: “Yo no encontré nada”. Se enojo el primero, se acercó y lo mató.
 
Cuando  Moisés  vio  esto,  quedó  completamente sorprendido. Le dijo al Creador: “¡Señor del Universo! Te pido, dame a conocer Tus caminos”. Esto es lo que he visto  y  me  sorprendió:  ¿Por  qué  el  segundo  hombre  que encontró  la  cartera  perdida  ganó,  mientras  el  tercero  que nada encontró, murió asesinado?”.
 
Le dijo el Creador: “¡Todo lo que viste – es recto y justo! El primer hombre, quien perdió la cartera, la robó al segundo hombre que la encontró; simplemente llegó  el  verdadero  dueño  y  encontró  lo  que  le  fue robado.  El  tercero,  el  que  fue  asesinado,  mató  al padre del primer hombre, sin que este lo supiera. Por lo tanto, Yo dispuse la mano del primer hombre para que lo mate y vengara la sangre de su padre”...
 
Aprendemos de esto que el Creador Mismo dispone que a los que les llega pena de muerte, sean ejecutados por los vengadores de la sangre.
 
De estos dos ejemplos vemos que existe una exacta Divina Supervisión  sobre  todos  los  sucesos  del  mundo;  hasta  lo  que parece ser un accidente está realmente dispuesto por el Creador con Supervisión Individual, según Sus justos cálculos.
 
Así, a lo largo de su vida, el hombre se encuentra con muchos acontecimientos que parecen completamente injustos, pero eso es porque ve sólo una parte del todo. ¿A qué se parece esto? A una persona que fue a ver un espectáculo y llegó con mucho atraso. Cuando entró, la representación ya estaba cercana a su fin. Sobre el escenario había alguien que estaba golpeando violentamente a una persona. Sin pensar dos veces, el hombre que llegó tarde lanzó un grito: “¡Malvado! ¿Qué es esto? – ¡¿golpear así a un pobre hombre?!”.
 
Lo  silenció  uno  de  los  espectadores  y  le  dijo:  “¡Shhh… cállate!,  si  hubieras  visto  el  espectáculo  desde  el  comienzo, hubieras entendido que estos golpes son muy pocos por lo que este malvado tirano le ha hecho…”.
 
Así  es  el  hombre,  limitado  en  su  visión.  No  ve  sino  una pequeña partícula del todo. Él no conoce todo el pasado de cada alma, qué le ocurrió en reencarnaciones anteriores, y qué cuentas vino a cerrar en esta encarnación. Tampoco sabe lo que hay detrás de las condiciones de vida de cada hombre; por qué uno tiene un determinado defecto, por qué otro tiene tales condiciones de vida, etc.
 
Si tuviera el hombre el mérito para ver profundamente, sabría que todo está exactamente calculado con el máximo de justicia y misericordia, y no tendría ninguna pregunta..., jamás.
 
 

(Extraído del libro "En el Jardín de la Fe" por Rabi Shalom Arush, Director de las Instituciones "Jut Shel Jésed" – "Hilo de Bondad")



jueves, 18 de febrero de 2010

TANTAS PREGUNTAS...

Qué es lo que desea el Creador de ti, que es por sí mismo tu meta? La respuesta se encuentra el sagrado libro delZohar...
El enigma de la vida
 
Este mundo está lleno de preguntas: ¿Cuál es la inalidad de la vida en este mundo lleno de sufrimiento? ¿Hacia ónde va el mundo y la humanidad? ¿Con quién está la justicia en todas las ideologías y concepciones de la vida? ¿Cuál es el camino  hacia  la  felicidad?  ¿Cómo  verdaderamente  debemos vivir? ¿Finalmente será todo bueno o no? Y más y más…
 
Las  drásticas  y  aparentemente  injustas  diferencias  entre  la vida de una persona y otra y los acontecimientos de sus vidas nos dejan a menudo perplejos. Un hombre tiene una vida fácil, mientras otro una vida difícil y muy penosa. Una persona nace fuerte y sana, mientras otra débil y discapacitada. Uno gana un buen sustento con facilidad, y el otro no. Alguien que fue bueno toda su vida y, como se dice, “no mataba ni a una mosca”, muere de  una  cruel  enfermedad  aún  siendo  joven,  mientras  otro  que es un malvado tiene una larga vida de riquezas y honores. ¿Por qué?...
 
¿Por qué yo?
 
En  los  que  más  se  despiertan  estas  preguntas  son  aquellos que más sufren las faltas:
 
Aquel al que le es difícil ganar su sustento pregunta: “¿Por qué  fulano  tiene  una  vida  de  riquezas  y  bienestar  mientras  yo vivo una vida de constante escasez y el esfuerzo por mi sustento me saca de mis cabales?”.
 
Alguien que tiene un hijo enfermo pregunta: “¿Por qué todos tienen hijos sanos y fuertes, mientras mi destino es criar un hijo enfermizo que necesita un esforzado tratamiento cotidiano?”.
 
Alguien  que  está  discapacitado  mira  a  la  gente  caminando libremente  a  su  alrededor  y  pregunta:  “¿Por  qué  ellos  están enteros  de  cuerpo  mientras  yo  tengo  esta  invalidez  restrictiva y humillante?”.
 
Alguien que creció en condiciones difíciles ve a aquellos que crecieron en el seno de buenas familias, y se pregunta: “¿Por qué ellos nacieron en una buena y cómoda familia, recibieron calor y amor, fueron mimados, se les concedió cada pedido y deseo, mientras yo nací en el seno de una familia difícil y problemática, y  únicamente  sufrimiento,  escasez  y  humillaciones  llenaron mi vida?”.
 
Alguien que se acerca a los cuarenta años de edad y todavía está soltero, pregunta: “¿Por qué yo, con todas las virtudes que poseo,  no  logro  casarme  y  fulano  que  está  lleno  de  grandes defectos, se casó sin demora a edad temprana, con una virtuosa joven de buena familia?”.
 
La regla general es: la gente está llena de preguntas, y cada uno puede agregar a la lista todas las preguntas que se hace a sí mismo.
 
Tiempos cambiantes
 
También sobre la forma que se desarrolla la vida de cada día tenemos preguntas:
 
“¿Por qué ayer tuve un día magnífico y todo salió como lo había planeado mientras hoy, sin ninguna razón especial, nada me va bien, todo me sale al revés y siento sólo pesar?”.
 
“¿Por qué la semana pasada gané mi sustento fácilmente y de repente el cuerno de la abundancia se vació, y tengo que hacer grandes esfuerzos para traer un pedazo de pan a mi casa?”.
 
“¿Por qué ayer tuve tantas satisfacciones de mis hijos que se comportaban como ángeles, disciplinados y simpáticos, y de repente parecería como que el diablo se posesionó de ellos y hacen todo a propósito para enojarme, tanto a mí como a mi esposa?”. Preguntas sin fin….
 
La respuesta a todas las preguntas
 
Existe  una  sola  y  única  respuesta  a  todas  las  preguntas  –
la FE.
 
La  fe  se  parece  a  una  llave  maestra  que  abre  todos  los cerrados dilemas de la vida y por medio de ella la respuesta es  simple  y  bien  entendida:  el  universo  posee  un  supremo  y todopoderoso Creador que cuida de cada uno de nosotros en una forma exacta, hecha a medida según nuestras específicas necesidades,  y  es  lo  que  se  llama  Divina  Providencia  o Supervisión Individual. Él es Quien determina las condiciones exactas  en  las  que  viviremos:  en  el  seno  de  qué  familia naceremos,  con  quién  nos  casaremos,  cómo  será  nuestro aspecto, cuáles serán nuestras cualidades y carácter, cuántos hijos  tendremos,  cuánto  dinero  poseeremos,  quiénes  serán nuestros amigos y conocidos, y muchos más datos como arena hay en el mar.
 
 no  sólo  en  forma  general,  sino  también  en  la  vida cotidiana,  en  cada  instante,  todo  está  dirigido  desde  lo  Alto en  una  Supervisión  Individual.  Es  el  Creador  quien  decreta cuándo el hombre prosperará y cuándo fracasará, cuándo será bien recibido y cuándo será despreciado y desdeñado, a quién encontrará  y  con  quién  tropezará,  e  infinitamente  más  y  más detalles.  Como  está  escrito  en  los  Salmos  (105:7):  “Él  es  el Eterno nuestro Di-s, sus Juicios están en toda la Tierra” – que significa que todo lo que sucede diariamente en el universo – los éxitos en contraste con los fracasos; la alegría y salvación de unos en contraste con las desgracias y los tormentos que caen sobre otros, todo esto hace parte de los Juicios del Creador, en los cuales son juzgadas las criaturas cada día y cada hora, en general y en particular.
 
Y debemos saber, que la Supervisión del Creador es siempre para el bien eterno de cada hombre, para guiarlo al objetivo, al rango y a la buena y eterna finalidad para la que fue creado. El Creador  sabe  que  tal  persona  no  llegará  a  la  corrección  de  su alma sin la específica realidad en la que se encuentra, con todas las muchas privaciones que tiene; y que aquella otra llegará a su meta justamente desde una realidad distinta de abundancia y de placeres, etc. Cada dato de la vida del hombre, sin excepción, está bajo una exacta Supervisión Individual, sin ningún error y no  por  azar,  según  lo  que  el  hombre  verdaderamente  necesita para llegar a su meta y a su corrección espiritual.
 
La Voluntad del Creador
 
¿Qué es lo que desea el Creador de ti, que es realmente tu meta? La respuesta se encuentra en el sagrado libro del Zohar(Esplendor), la famosa obra esotérica escrita hace casi dos mil años, que declara: “¡El Creador te creó solamente para que Lo conozcas!”. Por lo tanto, todas las condiciones de nuestra vida nos son necesarias, pues el Creador que nos conoce perfectamente, estableció que no podamos conocerlo sino por medio de todas esas específicas condiciones que nos ha dado exactamente. ¡No hay ningún error ni azar en ningún detalle de nuestra vida!
 
Este conocimiento se llama tener una “fe completa” y estar“contento  con  lo  suyo”,  es  decir  que  el  hombre  sabe:  ¡Yo  no entiendo nada y no sé nada, solamente estoy contento con lo que tengo! Y es esto también el primer paso para la elección cierta. Después  que  el  hombre  tenga  este  conocimiento,  de  ahora  en adelante deberá prestar atención cómo podrá, a través de todos los acontecimientos y sucesos de su vida, conocer al Creador.
 
Debe el hombre saber perfectamente, que cada detalle de su  vida  está  orientado  por  Él  –  tanto  en  el  bien  como  en  el mal,  “por  entendimiento  o  por  fuerza”  –  para  conducirlo  a esta meta – que Lo conozca. Muchas veces cuando el hombre no  presta  atención  a  las  alusiones  del  Creador,  entonces  Él le  coloca  en  circunstancias  aún  más  difíciles.  Y  si  todavía no toma conciencia de su meta, el Creador lleva al hombre a situaciones que no tienen ninguna solución natural, hasta que se verá obligado aun contra su voluntad, a apoyarse en la fe. Y como los Sabios han dicho: “No tenemos en quien apoyarnos, sino en nuestro Padre Celestial”.
 
El comienzo de la fe
 
El sagrado libro del Zohar nos enseña, que el comienzo de la construcción de la fe, es el pensamiento y el conocimiento que no existe sólo este mundo, sino que existe también un Mundo Venidero. Este es el principio de la memoria, acordarse siempre de esto. Según la siguiente explicación se entenderá por qué este conocimiento es necesario para toda persona razonable:
 
Toda persona mentalmente sana, no estará dispuesta a hacer ninguna  acción  sin  que  esta  tenga  un  objetivo  y  una  utilidad. Por ejemplo, si se le dice a una persona subir y bajar su brazo durante una hora sin ninguna causa, no lo aceptará de ninguna manera,  porque  sentirá  que  hace  algo  sin  una  finalidad  y  sin ningún beneficio. Si así son las cosas en el hombre que es un ser creado, con más razón respecto al Creador que por supuesto no hace ninguna cosa sin finalidad.
 
No puede ser que el Creador haya creado todo el universo – donde infinitos detalles se articulan con una fabulosa precisión y que ilumina con majestuosidad, belleza y maravillosa gracia – sin que haya una razón y finalidad.
 
No puede ser que el Creador haya creado al hombre – una tan maravillosa creación con un cerebro poderoso y profundas fuerzas espirituales – sin que tenga su vida una finalidad.
 
Por  consiguiente,  cada  uno  debe  preguntarse  a  sí  mismo:
 
¿Es probable que la meta para la cual el hombre ha sido creado, pueda existir en este mundo, en el cual todo va hacia la perdición y  muerte?  ¿Es  posible  pensar  que  el  Creador  haya  creado  un ser  humano  lleno  de  sentimiento,  creatividad  y  espiritualidad, para  que  viva  setenta  u  ochenta  años,  la  mayoría  de  ellos  con sufrimiento  y  esfuerzo,  y  luego  morir  y  terminar  así  su  vida?
 
¿Acaso  verdaderamente  toda  la  profundidad  del  espíritu  del hombre y su conocimiento se terminarán y se perderán? Es algo impensable.  Necesariamente  deberá  haber  continuación  a  la vida del alma también después de la muerte del cuerpo, donde logrará  una  eterna  recompensa  en  el  Mundo  Venidero,  por  el cumplimiento de la Voluntad Divina.
 
No obstante, el concepto de “premio y castigo” existe también en este mundo, como un éxito que le llegará a una persona por hacer lo que es recto, o por el contrario – las tribulaciones que le llegarán por sus pecados. Todo eso le llega al hombre solamente para enderezarlo en su camino, para que sepa distinguir, según como su vida se encamina, si transita por la senda justa o no. De esto podemos entender, que los sufrimientos que caen sobre el  hombre  no  son  ni  un  castigo  ni  una  venganza,  sino  que  su objetivo es estimularlo para que examine sus actos y para que no se equivoque en su camino. De hecho, si existiera solamente este mundo, no habría ningún sentido en ellos.
 

(Extraído del libro "En el Jardín de la Fe" por Rabi Shalom Arush, Director de las Instituciones "Jut Shel Jésed" – "Hilo de Bondad")